CISCLA Working Paper #86 (Agosto 1999)
El Caribe frente al reto de la regionalización
del comercio en América del Norte1
Sandro Murtas
Universidad Interamericana de Puerto Rico
Recinto de Ponce
Los últimos diez años representan una época de cambios extraordinarios para Latinoamérica, el Caribe y otras regiones del mundo como Asia y Europa. Estos cambios han sido fomentados por eventos que muy pocas personas pensaban que hubiesen podido tomar lugar en este siglo. Estamos hablando, claramente, de la caida del comunismo como dogma político y económico y de la renovada fe en el mecanismo de mercado como instrumento eficiente para la repartición de los recursos.
Ha ocurrido un poderoso proceso de reformas económicas y de liberalización del comercio internacional inspirado por la orientación hacia el exterior de las economías y por estrategias económicas basadas en la filosofía de mercado.
En este mismo periodo, se renuevan acuerdos comerciales existentes entre organizaciones de países como el CACM, el Grupo Andino y Caricom y se crean otros nuevos como el Mercosur, el Grupo de los Tres y el Nafta o TLC. La necesidad de fomentar el intercambio comercial en las sub-regiones de Latinoamérica y del Caribe no es una preocupación nueva. En la década de los setenta también se crearon pactos comerciales como está sucediendo en nuestros tiempos. En los setenta, en el caso del CACM, como el objetivo era la sustitución de las importaciones para fomentar la industrialización de los países de la región centroamericana, se crearon numerosas barreras comerciales que impidieron el crecimiento del intercambio comercial. Además, otros factores como los conflictos políticos, la inestabilidad de las divisas y la falta de compromiso político contribuyeron al fracaso de los acuerdos. La crisis de los ochenta, causada por la deuda exterior, redujo todavía mas el intercambio comercial, tradicionalmente limitado entre estos países (OAS, Merchandise Trade in the Americas, 1995).
Hoy día, los presupuestos para la revigorización de los acuerdos existentes y el fortalecimiento de los nuevos son distintos y más sólidos. Las decisiones y estrategias económicas actuales son el resultado del proceso de liberalización económica y de reforma de las economías que se están dando en la región.
El significado de estos eventos es fundamental para el bienestar presente y futuro de los países de la región. El Caribe y Latinoamérica se encuentran ahora en la mejor posición para recuperar la década perdida de los ochenta.
El comercio internacional como fuente de desarrollo económico
Los beneficios que se derivan del comercio internacional han sido bastante discutidos en los últimos 200 años. Esos beneficios consisten en un mayor aprovechamiento de las economías de escala por la ampliación del mercado, en un incremento del bienestar de los consumidores debido a la
posibilidad de elegir entre un número más grande de productos y en un crecimiento de los salarios reales para los trabajadores de las empresas que exportan. Además, el comercio internacional tiene el efecto de estimular la eficiencia en los mercados donde hay competencia imperfecta (Paul Krugman).
La liberalización del comercio, además de los beneficios mencionados, representa para muchos países no industrializados una estrategia de desarrollo económico. Las razones son bastante obvias. Si hacemos una comparación de la evolución del producto per capita (Lucas, 1988) entre los países que han perseguido una política de mercados cerrados, como en el caso de Nigeria y países que han utilizado el comercio internacional como fuente de crecimiento económico, como Taiwan, Hong-Kong y Corea del Sur, vemos que, entre 1960 y 1988, éste se ha multiplicado por 5 en el caso de los países asiáticos. Por otra parte, se ha reducido en el caso de Nigeria y Madagascar. Para Alfred Marshall las causas que determinan el progreso económico de las naciones pertenecen al estudio del comercio internacional. La validez de su afirmación es confirmada por los eventos actuales.
Las teorías clásicas del crecimiento económico explican que el incremento de los recursos productivos y de la eficacia con que se utilizan son los primeros determinantes del desarrollo económico. El incremento de la población, aunque no garantice el aumento del producto per capita, y la acumulación de capital explican el crecimiento económico. Además, el ahorro, por su efecto en la inversión, y la tecnología, por su efecto en la productividad de los factores, tienen un papel fundamental en este proceso de cambio.
El comercio internacional, sin duda, tiene un efecto positivo en esos dos factores de crecimiento. El flujo de ahorros de un país al otro incrementa la inversión. Además, hoy día la tecnología y los adelantos tecnológicos son fácilmente transferibles internacionalmente.
Relaciones comerciales entre el Caribe y Estados Unidos
En el Caribe y Latinoamérica, las reformas estructurales de las economías, aun con resultados, a veces contradictorios en tema de privatizaciones debido a que se sustituyen monopolios públicos con monopolios privados (Claudia Fernández, 1994), han sido acompañadas por un proceso de apertura de los mercados domésticos a la competencia extranjera. Este proceso de apertura ha tenido el efecto de incrementar el comercio intra sub-regional. De acuerdo con el estudio de Economic Commission for Latin America and the Caribbean,
Desenvolvimiento de los procesos de integración en América Latina y el Caribe (1995), el intercambio entre los países miembros de los bloques comerciales ha crecido en los últimos años. Entre el 1990 y el 1993, los bloques (Grupo Andino, CACM, Mercosur) tuvieron un aumento extraordinario en el intercambio comercial. En el caso del Grupo Andino, por ejemplo, pasó de $1.25 a $3.34 billones. La excepción es CARICOM que ha registrado una disminución pasando de $496 a $473 millones. Claramente, el intercambio está destinado a aumentar con el proceso de liberalización del comercio y el establecimiento de una política arancelaria común hacia los países no miembros.
Estos datos son reconfortantes porque demuestran que el largo y costoso proceso de reformas estructurales y de apertura de los mercados a la competencia extranjera está empezando a traer resultados positivos en términos de crecimiento del comercio exterior.
Utilizar la liberalización del comercio exterior como fuente de crecimiewnto económico es una prioridad para los países del Caribe. Las limitadas dimensiones de los mercados domésticos no permiten obtener economías de escala que son fundamentales para el crecimiento económico. El comercio entre los países caribeños, aunque importante, no puede garantizar un volumen de intercambio comercial como le provee el socio comercial más importante de estos países: Estados Unidos.
Estados Unidos absorbe el 50% de las exportaciones del Caribe y, además, el 33% de las importaciones de la regiones viene de Estados Unidos, según un estudio hecho por Ministry of Industry de Jamaica en el 1996. Si consideramos que los Estados Unidos importa la mayor parte de los bienes manufacturados en el Caribe, estos números tienen una relevancia todavía mayor.
Si analizamos los datos sobre el intercambio comercial entre Estados Unidos y el Caribe en el periodo 1991-95, vemos que Estados Unidos ha mantenido un superávit comercial en el periodo considerado. En 1995 (Annual Report on Trade 1995-96, FIU), por ejemplo, el volumen total de intercambio fue igual a $14.4 billones. Las exportaciones de Estados Unidos hacia el Caribe fueron iguales a $8 billones (+15% con respecto al 1994) y las importaciones alcanzaron un monto total de $6.4 billones (+1% con respecto al 1994). Esto corresponde a un superávit comercial de 1,620 millones de dólares. Es sabido que mientras los Estados Unidos exporta bienes con un alto valor añadido, como computadoras o maquinaria, los países del Caribe exportan principalmente materias primas, alimentos, textiles y servicios turísticos.
Si se subraya el impacto de este intercambio comercial en la economía de Estados Unidos, vemos que este mantiene más de 300,000 empleos y, en la última década, ha creado más de 16,000 nuevos empleos (Industry Ministry of Jamaica, 1996). Otro dato interesante es que el mercado agregado del Caribe es el noveno más importante para los productos de Estados Unidos. Además, en el caso del Caribe, entre 60 y 70 centavos de cada dólar recibido a través de las exportaciones se gastan en la compra de bienes y servicios producidos en los Estados Unidos.
Política comercial de Estados Unidos hacia el Caribe
Dados estos hechos, se esperaría que Estados Unidos mantuviera una política comercial hacia el Caribe que permitiera incrementar las exportaciones y, consecuentemente, el desarrollo económico de la región para expandir el mercado para sus productos. En la realidad, el Caribe se encuentra en la situación en que, irónicamente, en el mismo periodo en que más está
abriendo sus mercados, ve cerrarse aún más el mercado más importante para sus productos. Algunos ejemplos de esta protección dañina son las restricciones que Estados Unidos aplica a la importación de productos como el azúcar, del cual el Caribe es uno de los productores más importantes, y los textiles, cuya producción se concentra en algunos países de la región por el bajo costo de la mano de obra.
Es sorprendente ver cómo el camino hacia la integración de las economías de América del Norte (Estados Unidos, México y Canadá) a través de la implementación del tratado de Libre Comercio que promueve la eliminación de las barreras comerciales en preparación al
Free Trade Area of the Americas en el 2005, tiene como víctima quien más debería beneficiarse del libre comercio en términos de crecimiento económico.
La implantación del NAFTA va a tener repercusiones económicas muy graves para el Caribe. Esto se debe al hecho que los productos mexicanos, directos competidores de los productos caribeños, van a ser más competitivos por la eliminación de gran parte de las barreras comerciales entre los dos países. Los acuerdos existentes para mitigar los efectos de las restricciones comerciales, como, por ejemplo, el Caribbean Basin Initiative2, perderán aún más su eficacia si Estados Unidos no abre su mercado para ayudar a los países del Caribe.
Vamos a considerar en detalle el caso de las exportaciones de azúcar y textiles. En el 1982, Estados Unidos decidió imponer cuotas a las importaciones de azúcar para proteger a los productores domésticos. Esta restricción comercial, además de tener un costo anual para los consumidores y fabricantes de alimentos estadounidenses de casi 4.1 billones de dólares (GAO) ha tenido efectos negativos para los productores caribeños. Con la introducción del NAFTA, las consecuencias serán todavía peores. Los seis productores de azúcar más importantes tienen una capacidad productiva agregada de 800,000 toneladas. Bajo NAFTA, a México, empezando en el año 2000, se le permitirá exportar a Estados Unidos una cantidad de 250,000 toneladas. Si a México se le permitiera exportar
libremente, podría proveer una cantidad suficiente para satisfacer la demanda estadounidense. Claramente, los productores caribeños no tendrían espacio en el mercado.
1 Trabajo presentado en el Cuarto Congreso Anual de la Asociación Mexicana de Estudios del Caribe, Chetumal, Quintana Roo, México, 23 al 25 de abril de 1997.
2 El CBI es un acuerdo comercial que provee un acceso privilegiado al mercado de EE.UU. a un 90% de los productos caribeños pero cubre solamente un 10% de los productos que el Caribe exporta a Estados Unido.
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