Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de San Germán


Volumen 30: Table of Contents

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Dr. Aníbal J. Aponte
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Reseñas/Reviews

En torno a la cuentística femenina cubana. Reseña Cubana. Contemporary Fiction by Cuban Women, ed. Mirta Yáñez.Boston, Massachusetts: Beacon Press, 1998.

En 1994, Salvador Redonet y Margarita Mateo, dos profesores de la Universidad de La Habana dedicados al estudio del cuento y la novela, sostuvieron varios diálogos con sus colegas en City University of New York (CUNY). Ya para esa fecha la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas había dejado de existir y esta nueva coyuntura causaba estragos de toda índole en esa indomeñable isla del Caribe de donde provenían Salvador y Margarita. Como es sabido, una de las consecuencias inmediatas del derrumbe del campo socialista fue la reducción drástica del número de publicaciones cubanas debido a la escasez de la pulpa para hacer papel.  Los académicos invitados a CUNY advertían que cada vez con mayor frecuencia se servían de sobados manuscritos pasados de mano en mano para tomarle el pulso a las últimas manifestaciones del cuento cubano. Aunque esta situación ha mejorado en los últimos años, es de esperar que no todos los manuscritos que se habían acumulado han encontrado aún vías de publicación. Ahora bien, si difícil era para los investigadores de la isla seguir la trayectoria de la narrativa breve cubana, para nosotros en los Estados Unidos esa tarea era poco menos que imposible ya que, por razones políticas, aun en los tiempos más prósperos de las editoriales en Cuba, los pocos libros que se infiltraban en este país llegaban disimuladamente en el equipaje de algún viajero esporádico. A este subterfugio se ha recurrido hasta el día de hoy.

Es muy probable que tanto el viajero como sus conocidos supieran de la existencia de poetas cubanas surgidas a partir de 1959, entre ellas Nancy Morejón, Reina María Rodríguez y Georgina Herrera, cuya obra ha desbordado las costas de la isla. Lamentablemente, el cuento contemporáneo escrito por mujeres en Cuba fue siempre, al parecer, menos cultivado, tanto en español como en traducción al inglés. Y los pocos cuentos que se escribían no llegaban a esta orilla. Ahora, no sólo porque alivia ese desconocimiento casi inevitable, sino también porque libra del limbo inédito algunos relatos de valor literario y por dar a conocer voces nuevas, hay que celebrar con entusiasmo la publicación del libro Cubana. Contemporary Fiction by Cuban Women (1998), editado por la escritora Mirta Yáñez y publicado bajo el sello de Beacon Press. Esta selección de cuentos a su vez se deriva de la antología Estatuas de sal. Cuentistas cubanas contemporáneas (1996) compilado por la misma autora en colaboración con Marilyn Bobes y publicada por Ediciones Unión en La Habana. Gracias a ambas antologías, por primera vez contamos con una recopilación de cuentos de cubanas que permite adentrarse en ese universo narrativo hasta la fecha vedado.

Se ha argumentado más de un motivo para explicar la relativa escasez de cuentos escritos por cubanas a partir del triunfo de la revolución en 1959. Según la propia Mirta Yáñen en el prólogo a las antologías, el énfasis en los temas revolucionarios promovidos por la política oficial durante un largo período de lucha ideológica, aparte de las restricciones impuestas por una sociedad patriarcal, fue la causa principal de la auto-censura y la marginación experimentadas por las narradoras. Aunque en los años sesenta surgió una narrativa inspirada en la Revolución temática, estructural y estilísticamente audaz, pronto la reiteración de los asuntos, los personajes y la forma le restaron efectividad. En casos extremos, se recurrió a fórmulas que siguieron insistiendo en los mismos referentes, con una visión parcial de la realidad. Muchos escritores, por supuesto, se rebelaron contra esta estética. El argumento de Yáñez, en efecto, podría extenderse a todos aquellos escritores que, por diversas causas, se sintieron impelidos a disentir con las preceptivas estéticas prevalecientes. De acuerdo con las pautas del realismo socialista promovido por la política cultural, el relato debía ostentar un tono épico, beligerante y aleccionador que, según Yáñez, las narradoras presumiblemente rechazaban: “Women writers aspired to work the difficult soil of the narrative, but because of both sexist ‘invisibility’ and the sudden and extreme tilt of the thematic scale toward ‘toughness’ and violence, they disappeared, with few exceptions, from the literary panorama” (Cubana,7). Empero, tal política cultural implementada sobre todo durante un período más o menos extenso a partir de fines de los sesenta afectó la totalidad de la producción literaria cubana, no sólo la escrita por mujeres. La recreación mimética de la realidad, junto con la rigidez de una política editorial que tendía a censurar lo que se desviara de la norma establecida o que suscitaba la auto-censura inspiraron, como señala la misma escritora, la atinada frase del “quinquenio gris” acuñada por el crítico Ambrosio Fornet para referirse a la pobreza literaria que caracterizó especialmente, pero no únicamente, el primer lustro de los años setenta.

Conviene preguntarse, por tanto, hasta qué punto toda la responsabilidad sobre la inexistencia o invisibilidad de la narrativa femenina, en comparación con la masculina, puede atribuirse a esa fallida política cultural. Es posible que haya influido en la marginación, pero alegar que ésta es su causa fundamental conduce, en última instancia, a una discusión estéril sobre los temas que atraen o repelen a la mujer (en singular): ¿es que las escritoras no podrían interesarse en el tema de la lucha armada y la violencia o en los conflictos de los “años duros”?

Otra explicación sobre este fenómeno, afín con las teorías feministas tradicionales, ofrece Luisa Campuzano en su artículo “La mujer en la narrativa de la revolución: ponencia sobre una carencia” incluido en un apéndice añadido a Estatuas de sal. La tesis del artículo, que abre con citas de Virginia Woolf, tiene la ventaja de remitirnos a condiciones materiales. Tras describir el panorama de la problemática social de la mujer, Campuzano alega que la escritora dispone de un tiempo y un espacio limitados al tener que repartir sus fuerzas entre las exigencias de la familia, el trabajo (remunerado o no) y la vocación. El ensayo sostiene que todavía en este campo queda mucho por avanzar pese a la política oficial que ha promovido, mediante medidas legislativas, la igualdad en las relaciones entre el hombre y la mujer. Campuzano informa que la balanza de la producción literaria femenina en el lapso de 1959 a 1983 aproximadamente se inclina hacia otros géneros literarios como los textos autobiográficos y testimoniales y la literatura infantil (además de la poesía). Que esto haya sido así ya no depara sorpresas a los lectores familiarizados con la crítica literaria feminista que ha rescatado del olvido géneros literarios “menores” identificados con la mujer. Las condiciones materiales descritas en el artículo sin duda continúan obstaculizando el quehacer literario y profesional de muchas mujeres.

La situación descrita por Campuzano era la que reinaba en la primera mitad de la década del ochenta. Con la aparición de Cubana, habría que actualizarla y probablemente llegar a otras conclusiones. La diversidad y la calidad de estos cuentos sugieren que las escritoras contemporáneas cubanas practican, sin lugar a dudas, el género literario y que sobran las justificaciones para incorporarlas a las antologías del cuento en Cuba, el cual experimenta, a juzgar por el número de florilegios publicados en años recientes, una recuperación general. No obstante, las cuentistas están poco representadas en las antologías del cuento cubano, incluidas las últimas, tales como El submarino amarillo (Cuento cubano 1966-1991): breve antología (1994) de Leonardo Padura, Los últimos serán los primeros (1993) de Salvador Redonet y Fábula de ángeles: antología de la nueva cuentística cubana (1994) de Salvador Redonet y Francisco López Sacha. 1 Salvo contadas excepciones, las escritoras han quedado excluidas de las antologías mencionadas. Si se piensa que esta influyente tarea de selección contribuye, además de a promover obras y escritores, a conformar cánones puesto que las nuevas recopilaciones generalmente reproducen una porción de lo aparecido en las anteriores, el hecho adquiere una inquietante dimensión. La marginación justifica la publicación de una antología reservada a la cuentística femenina. Por ser una publicación cubana en destacar con exclusividad la labor literaria de las escritoras, Estatuas de sal da a entender que se ha creado un clima favorable dentro de la isla para este tipo de empresa editorial. La excelente recepción del libro, que se agotó rápidamente, confirma el interés de los lectores. Ojalá que siga viéndose con beneplácito la forja de un espacio para publicar y promover obras que de otra manera encontrarían escollos para darse a conocer.

Cubana se propone corregir las lagunas genéricas que saltan a la vista en esas otras antologías. Al prestar atención sólo a las últimas hornadas de narradoras, disminuye el período histórico comprendido en Estatuas de sal. Así, Cubana descarta una sección constituida por escritoras del siglo XIX, como la Condesa de Merlín y Gertrudis Gómez de Avellaneda, y por creadoras nacidas a principios del siglo XX, como Dulce María Loynaz, quien predominó como poeta, y Lidia Cabrera, entre las más conocidas de esta época. La nómina reducida de narradoras de renombre en el mundo de las letras cubanas e hispanoamericanas pertenecientes a los períodos señalados es un factor importante en el que Yáñez no se detiene; sin embargo, habría que tomarlo en cuenta como punto de referencia al evaluar la producción de las últimas décadas. Si no hay una tradición firmemente establecida, es más difícil proveer una continuidad. Cubana elimina también un apéndice con sendos artículos de Luisa Campuzano y Nara Araujo en torno a la narrativa femenina contemporánea en Cuba. Conserva el prólogo de Mirta Yáñez, antecedido de un prefacio de Ruth Behar. La antología reúne dieciséis relatos escritos por mujeres que tienen en la actualidad entre veintisiete y sesenta y cinco años de edad. Mientras que algunas han publicado más de un libro de cuentos, otras, las más jóvenes, han hecho su “debut” en Estatuas de sal. No todas las selecciones de esta sección de la antología en español dedicada a la época contemporánea han sido recogidas en Cubana. Desafortunadamente, algunos relatos que se destacan por su voz propia o su dominio de la forma han sido sacrificados, como los de Mayra Montero, Zoe Valdés y Exilia Saldaña, y otros han sido reemplazados por cuentos de más reciente factura, como el de María Elena Llana. Por otra parte, el cuento de Magali Sánchez, no publicado en Estatuas de sal, es una buena adición. Quizás las revisiones se deban a limitaciones de espacio o a la falta de autorización de la autora o la editorial original.

La temática de los cuentos es muy variada. El tema del deseo erótico femenino está bien tratado en “Catalina in the Afternoons”, de Magaly Sánchez. Las relaciones de amistad, enemistad o rivalidad entre mujeres constituyen el asunto de “Anhedonia”, de Mylene Fernández Pintado, y de “Dust to Dust”, de Mirta Yáñez. Otros cuentos giran en torno a la pasión o a las relaciones heterosexuales, como el paródico “A Whiff of Wild Desire” de Sonia Rivera-Valdés, “The Scent of Limes” de Aida Bahr y “Potosí II: Address Unknown” de Rosa Ileana Boudet. Se aborda el tema del lesbianismo en los cuentos de Marilyn Bobes, “Somebody Has to Cry”, y de la cubano-americana Achy Obejas, “We Came All the Way from Cuba So You Could Dress Like This?” En el primero, la protagonista lesbiana se suicida, incapaz de seguir reprimiendo su homosexualismo, mientras que en el segundo sobrevive el exilio, los prejuicios sociales y la oposición familiar.

Hay otros relatos que delatan la obsesión con la crisis económica y el proceso de transición en la isla. “Internal Monologue on a Corner in Habana” de Josefina de Diego presenta el dilema de una fumadora que se debate entre vender uno de los cigarrillos que le corresponden por la “libreta” de abastecimiento y un bocado inasequible. “Nosotras”, de María Elena Llana, un cuento de Estatuas de sal que interesa por su fantasía y surrealismo y por un final no por anticipado menos efectivo, se ha sustituido por “Japanese Daisies”, hasta el momento inédito, sobre el efímero poder que confiere a la protagonista un puñado de dólares y envíos del extranjero. Otras escritoras se inspiran en conflictos políticos. “A Tooth for a Tooth”, de Nancy Alonso, recrea las circunstancias alrededor de un “mitin de repudio” contra un personaje que abandona la isla, regresando años después a devolver los huevos que le habían llovido por “traidor”. “The Egyptians”, de Adelaida Fernández de Juan, trata sobre la actitud defensiva del cubano hacia actos imaginados de espionaje. Como puede apreciarse, algunos cuentos contienen proposiciones feministas y otros no. La mayoría de los cuentos alcanzan a trascender los aspectos pedestres de una ardua realidad local que, afortunadamente, mantiene a ras de tierra sólo a unos cuantos.

En lo formal se observa también cierta heterogeneidad, que abarca desde el cuento en tercera persona con narrador omnisciente que respeta el orden cronológico hasta aquél que desmantela y juega con los planos del relato, pasando por los que ofrecen más de un punto de vista sobre los hechos narrados. El cuento más experimental es el de la joven escritora Ena Lucía Portela, “The Urn and the Name (A Lighthearted Tale)”, en el que la trama, que raya en el absurdo, se reduce al encierro voluntario de una muchacha suicida golpeada por su exnovio y un actor de teatro que le impide dar fin a su vida. La forma subraya el absurdo al producirse el desdoblamiento de los personajes y al interrumpirse arbitrariamente la narración con palabras en mayúsculas aisladas del texto. Es un cuento novedoso y perturbador que se presta a múltiples lecturas.

Como parte del empeño por superar las dicotomías y ofrecer nuevas perspectivas, Cubana ignora la división, vigente hasta hace poco, entre las cubanas de la isla y las de la diáspora. A los cuentos escritos por cubanas “de allá”, se suman el de Achy Obejas, autora de We Came All the Way from Cuba So You Could Dress Like That? (1993); el de Sonia Rivera-Valdés, “A Whiff of Wild Desire”, extraído del libro premiado por Casa de las Américas Las historias prohibidas de Marta Veneranda (1997); y el de Uva de Aragón, “I Just Can’t Take It”. A pesar de que llama la atención la ausencia de otras narradoras como Cristina García, Daína Chaviano y las ya nombradas Mayra Montero y Zoe Valdés, Cubana es un loable primer paso para rectificar, en el campo de la cuentística, una división entre las cubanas dondequiera que se encuentren más que caduca frente a los fenómenos de la globalización y el transnacionalismo.

Aunque desigual (como tantas antologías) en cuanto a la calidad de los cuentos, la pionera Cubana permite difundir entre un público amplio la cuentística femenina cubana de hoy. Aquellos interesados que no alcanzaron a pedirle a ningún viajero apresurado un ejemplar de Estatuas de sal antes de que se agotara enseguida, ahora cuentan con esta sensata traducción que deja aquilatar su producción presente. Esperemos que Cubana no sea, como tampoco Estatuas de sal, una publicación excepcional. Se necesitan otras antologías de cuentos, para no mencionar demás géneros literarios, que añadan a la visión ofrecida en estas páginas y que contribuyan a formar una arraigada tradición de narradoras cubanas.

Iraida H. López
Medgar Evers College, City University of New York
Department of Literature, Languages, and Philosophy




Something to Declare by Julia Álvarez. New York: Plume Books, 1999.

The warmth and openness of Julia Álvarez that permeates her other works, such as How the García Girls Lost Their Accents and In the Time of the Butterflies, is evident in this collection of essays, Something to Declare, originally published in hardcover by Algonquin Books of Chapel Hill and reprinted in this 1999 paperback edition by Plume.

Many of the essays appeared previously in magazines and concerned her fleeing the Dominican Republic dictatorship as a child, adjusting to a new home and language in New York, and the writing process. She describes the advantages, to a writer, of living on a farm in Vermont where she is not bombarded with “choices and temptations, with distracting colors and sights and sounds.” She is free to plunge deep into her inner resources with plenty of “quiet musing time.” Álvarez shares little tidbits of writing: “Ten of My Writing Commandments”; the treasures in her yellow folder; what her writing day is like; avoiding self-censorship; the potential of “low-grade gossip” of daily life to become high-grade fiction; and the value of adventures.

Her account of life as a struggling writer in “Have Typewriter, Will Travel” will inspire other writers. Success didn’t happen overnight. Traveling from temporary job to temporary job, she protected her writing time and honored her “calling” as a writer over easier paths that might have swallowed up her writing life. She recently gave up tenure at Middlebury College, where she taught, to be free to write all of the time.

However, it is her use of language and her perception of the world that gives her work—whether her poetry, fiction or essays—an appeal that transcends subject matter. Every word counts and the words flow naturally, with deceptively simple ease and spiritual innocence laced with kind humor. As a result, her writing sings.

Álvarez often talks about what it is like to have one foot each in Hispanic and Anglo cultures. It is as if she grew up in the interstices between the two, like an exotic flower, independent of both and able to see each in a way only savvy travelers can. Álvarez appreciates and evokes the shapes and colors of both cultures, shapes and colors to which those fully immersed in only one culture become blind.

In her essay “Writing Matters,” she describes an encounter with her readers at a book signing: “The world goes from bright to brilliant to luminous, so that for brief seconds, we see clearly everything that matters.”

Her writing has the same effect.

Mike Wilson
Sullivan University
Lexington, Kentucky


About the authors:

Iraida Lopez is Assistant Professor of Literature at Ramapo College of New Jersey in Mahwah. Her scholarly interests include Cuban contemporary literature.

Mike Wilson is an instructor of Law at Sullivan University in Lexington, Kentucky. His scholarly interests include religion and Latin American politics.


1La Segunda edición de la primera antología fue publicada en México por Un libro para Cuba/UNEAC. Las otras fueron publicadas por la Editorial Letras Cubanas en La Habana.